Hermenéutica - capítulo 1


Importancia de su estudio

1.       Una de las primeras ciencias que debe conocer el predicador es ciertamente la hermenéutica. Pero ¡Cuántos predicadores conocemos que ni de nombre la conocen! ¿qué es la hermenéutica? Dice el diccionario: “arte de interpretar los textos”. Pero la hermenéutica (del griego hermenevein), de la cual nosotros nos ocuparemos forma parte de la teología exegética. O sea, la que trata de la recta inteligencia e interpretación de las sagradas escrituras.

2.       Pedro mismo admite, hablando de estas escrituras, que entre las del Nuevo testamento “hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras escrituras (las del antiguo testamento) para perdición de sí mismos”. Y para mayor desgracia y calamidad, cuando estos indoctos en los conocimientos hermenéuticos se presentan como doctos, torciendo las escrituras para probar sus errores, arrastra consigo multitudes a la perdición.

3.       Tales indoctos, pretendidos doctos, han resultado siempre herejes o maestros del error, desde los falsos profetas de antaño hasta los papistas de la era cristiana, y los y los eddiistas y ruselistas de hoy. Y cualquier predicador que ignore esta importante ciencia se verá muchas perplejo, y caerá fácilmente e el error de Balaam y en la contradicción de Coré. El arma principal del soldado de Cristo es la escritura, y si desconoce su valor e ignora su legítimo uso ¿Qué soldado será?

4.       No hay un libor más perseguido por los enemigos, ni un libor más torturado por los amigos que la biblia, debido a lo último, a la ignorancia de toda sana regla de interpretación. Esto, hermanos, no debe ser así. Este don del cielo no nos ha venido para que lo usemos a nuestro propio gusto, mutilándolo, tergiversándolo o torciéndolo para nuestra perdición.

5.       Acordémonos, que las mismas variadísimas circunstancias que concurrieron en la producción del maravilloso libro, requieren del expositor que su estudio sea detenido y siempre “conforme a ciencia”, conforme a principios hermenéuticos.

a.        Entre sus escritores, “los santos hombres de Dios, por ejemplo, que hablaron siempre siendo inspirados por Espíritu Santo”, hallamos personas de tan variada categoría y educación, como lo son, sacerdotes como Esdras, poetas como Salomón, profetas como Isaías, guerreros como David, pastores como Amós, estadistas como Daniel, sabios como Moisés y Pablo, hombres sin letra como Pedro y Juan. De estos, unos formulan leyes como Moisés, otros, escriben historia como Josué; escriben Salmos como David, Proverbios como Salomón, unos, profecías como Jeremías, otros, biografías y otros cartas, etc.
b.       En cuanto al tiempo, vivía moisés 400 años antes del sitio de Troya y 300 años antes de aparecer los más antiguos sabios de Grecia y Asia, como Pitágoras y Confucio, viviendo Juan, el último escritor bíblico unos 1500 años después de moisés.
c.        Respecto al lugar, fueron escritos en puntos tan distintos como lo son el centro de Asia, las arenas de Arabia, los desiertos de Judea, los pórticos del templo, las escuelas de los profetas en Betel y Jericó, en los palacios de babilonia, en las orillar de Chedar y en medio de la civilización occidental, tomándose las figuras, símbolos y expresiones de los usos, costumbres y escenas que ofrecían tan variados tiempos y lugares. Los escritores bíblicos fueron plenamente inspirados, pero no de tal modo que resultase superfluo el mandamiento de escudriñar las escrituras y que se dejara sin consideración tanta variedad de personas, asuntos, épocas y lugares. Estas circunstancias, como es natural, influyeron aunque  no ciertamente en la verdad divina expresada en el lenguaje bíblico, pero sí en el lenguaje mismo, del que se ocupa la hermenéutica y que tan preciso es que comprenda el predicador, interprete o expositor bíblico.

6.       Una breve observación general respecto a dicho lenguaje, nos hará más patente todavía la suma de necesidad del conocimiento de reglas de sana interpretación para el estudio provechoso de la escrituras. Ciertos doctos, por ejemplo, que han vivido siempre “incomunicados” respecto al lenguaje bíblico, encuentran tal lenguaje chocante e incompatible con su imaginario ideal de revelación divina, todo por la superabundancia de todo género de palabras y expresiones figuradas y simbólicas que ocurren en las escrituras. Algún conocimiento de hermenéutica, no sólo les libraría de tal dificultad, sino que también les persuadiría que tal lenguaje es el divino por excelencia, como es el más científico y literario.

7.       Un científico de fama solía insistir en que sus colaboradores científicos, en la cátedra, encarnarán lo invisible, porque decía: “tan sólo de este modo podemos concebir la existencia de lo invisible obrando sobre lo visible”. Pero esta idea de la ciencia moderna es más antigua que la misma biblia, puesto que en verdad, fue dios el primero en encarnas sus pensamientos invisibles en los objetos visibles del universo, revelándose así e ilustrándose así mismo. “porque lo que  de Dios se conoce…Dios se lo manifestó; porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas” (Rom. 1:20). He aquí entonces, el universo visible, tomado como gigantesco diccionario divino, llenísimo de innumerables palabras que son los objetos visibles, vivos y muertos, activos y pasivos, expresiones simbólicas de sus ideas invisibles. Nada más natural, que al inspirar las escrituras se valga de su propio diccionario, llevándonos por medio de lo visible a lo invisible, por la encarnación del pensamiento, al pensamiento mismo; por lo objetivo a lo subjetivo, por lo conocido y familiar y lo desconocido y espiritual.

8.       Pero esto no sólo fue natural, sino absolutamente necesario en vista de nuestra condición actual, por cuanto las palabras exclusivamente espirituales o abstractas, poco o nada dicen al hombre natural. Apenas hay un hecho relacionado con la mente y la verdad espiritual que se pueda comunicar con provecho sin echar mano al lenguaje nacido de objetos visibles. Dios ha tenido en cuenta esta condición nuestra. No nos extrañemos, que para elevarnos a la concepción posible del cielo se valga de figuras o semejanzas tomadas de las escenas gloriosas de la tierra; ni de que para elevarnos a la concepción posible de su propia persona, se valga de lo que fue la “corona de la creación”, presentándosenos como ser corporal, semejante a nosotros. Vale decir que para la recta comprensión de la verdad, así en símbolo y figura por la necesidad humana, se requiere meditación y profundo estudio.

9.       Pero es preciso observar aquí que dichas expresiones figurativas o simbólicas no se deben meramente a la naturaleza de la verdad espiritual, a la maravillosa relación entre lo visible y lo invisible, sino también al hecho de que tal lenguaje resulta el más apropiado, por ser el más hermoso y expresivo. Lleva ideas a la mente con mucha más viveza que la descripción prosaica. Encanta y recrea la imaginación a la par que instruye el alma y fija la verdad en la memoria, deleitando el corazón. ¡Cuán erróneo concepto de lo que es propio, abrigan los que maginan que la biblia, para ser revelación divina debería haberse escrito al estilo de la aritmética o geometría! ¿no ha enloquecido Dios por su sabiduría, la sabiduría del mundo?

Acordémonos, en resumen, que las escrituras tratando de temas que abarcan el cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad, lo visible y lo invisible, lo material y lo espiritual, fueron escritas por personas de tan variada naturaleza, y en épocas tan remotas, en países tan distantes entre sí y en medio de gentes y costumbres tan diferentes y en lenguajes tan simbólicos, que fácilmente se comprenderá que para la recta inteligencia y comprensión de todos nos es de suma necesidad todo el consejo y auxilio que nos pueda ofrecer la hermenéutica.

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